#Opinión Charito Rojas: Ágora… ¿Qué queremos? ¡Libertad!

“La vieja práctica de los tiranos es usar una parte del pueblo para tener sometida a la otra parte”. Thomas Jefferson (1743-1826),  tercer presidente de los Estados Unidos de América, uno de los Padres Fundadores de la Nación, coautor de la Declaración de Independencia.

Venezuela está dividida hoy en dos bandos: los que  quieren que Maduro se vaya por las buenas, mediante negociación o elecciones. Y los que quieren sacarlo a carajazo limpio ya, porque consideran que las dictaduras no salen con votos.

El resto del país medraentre enchufarse para raspar la olla, pelear por el poquito de poder que les queda, fregarse con el régimen porque no tienen para donde coger, atornillarse a punta de fuego y sangre para conservar el monopolio de la justicia, proteger el peculio mal habido para disfrutarlo aunque sea en territorio nacional. Los chavistas que se comen un cable pero que desean conservar el “legado” de Chávez, están esperando una señal del poder y apoyo que puedan tener los “originarios” como Luisa Ortega Díaz y Miguel Rodríguez Torres, para dar el gran salto desde el madurismo a este chavismo, que podría ser el último reducto de supervivencia política del fracasado proyecto político que ya ha perdido hasta su nombre de “socialismo del  siglo XXI”.

92% de los venezolanos, según el consenso de encuestas serias, dicen que quieren un cambio en el gobierno, el 75% opina que Maduro debe irse antes de terminar su periodo, 15% dice que debe renunciar o adelantar elecciones y sólo entre un 10 y 12% en promedio apoya a su gobierno. En todas las encuestas, los niveles de aceptación o simpatía del presidente no superan el 15%. Las instituciones más respetadas son la iglesia, la asamblea nacional, los periodistas y los empresarios. La aceptación a la Fiscalía subió notablemente en los últimos sondeos y en el campo político de la oposición, sigue punteando Leopoldo López, seguido a cierta distancia por Henrique Capriles. María Corina Machado pasó en este período de protestas a un muy ganado tercer lugar, aunque todavía distante de los dos anteriores.

Así que el gobierno tiene sobradas razones para no someterse al voto universal y directo de los venezolanos. El rechazo del pueblo venezolano se ha volcado en más de 100 días de calle, donde hemos visto y escuchado las maldiciones más terribles y las acusaciones justificadas contra un gobierno que quebró al país, que quebró a la industria, a los ciudadanos, que empobreció a todos y que no tiene la menor idea -y mucho menos intención-, de reparar el daño que está produciendo la inflación más voraz del planeta, la inseguridad con el mayor saldo mortal, el hambre  y la mengua más increíbles en el país con las mayores reservas petroleras del mundo. Los números no mienten, por más que la mentira oficial y la asfixia de la información libre intenten disimular la catástrofe: Venezuela es hoy el país occidental con los peores registros en todos los aspectos de desarrollo como nación y calidad de vida de sus ciudadanos.

Más de dos millones de venezolanos se han separado de su país y de sus familias gracias a esta desgracia revolucionaria. La fuga de talentos, la desunión familiar, la pérdida de carreras y empleos, generan un tremendo rencor y deseos de cobrarse el daño ocasionado. Y unos quieren hacerlo a través del voto y otros, aunque no empuñen armas, prefieren atacar a tamañas plagas.

Los venezolanos perdieron el miedo, arrojan en la cara de sus verdugos sus verdades, persiguen a los corruptos y a sus familias en el exterior, se alegran cuando el “escrache”  enfrenta a los rojos millonarios que disfrutan el dinero robado al país: les gritan “ladrones, asesinos, corruptos”.  Algunos critican públicamente estas escenas vergonzosas,  pero en privado, justifican el reclamo de un pueblo herido de todas formas.

Ese es el peligro cuando la justicia está vendida al mejor postor; cuando el gobierno gobierna para sus enchufados y contra las mayorías; cuando los ciudadanos carecen de medicinas, alimentos y servicios y las autoridades les dan la espalda; cuando los derechos humanos y políticos son apaleados inmisericordemente; cuando la extorsión y el crimen son válidos para mantener a un  grupo en el poder. Es el peligro de engendrar odios, de empujar a la venganza, que es la justicia por propia mano, de llevar a las masas a la desesperación de enfrentar hasta a la muerte con tal de liberarse.

A un pueblo pacífico, amante de la buena vida, de las libertades y de las elecciones, se le ha condenado a la miseria, a la imposición tiránica, al maltrato cruel. Y negándole su única voz de mando, que es el voto. Esta es la explicación del arrojo, la desesperación, la pasión, la furia, el reclamo, la valentía, la ausencia total de miedo y la disposición a hacer lo que sea necesario para terminar con esta situación, así cueste la vida. Vemos en la calle a una generación que poco ha conocido la democracia y que la extraña, la quiere, está dispuesta a lograrla. Se llaman a sí mismos los “Libertadores”. Y lo son. Han desatado, con su pasión de jóvenes, los genes libertarios  de los venezolanos. No hay tiranía que pueda combatir a quienes están del lado correcto de la historia.

92 crímenes para asesinar la protesta, para callar las voces y desmovilizar la calle, sólo ha logrado exacerbar aún más los ánimos. Se han desatado las furias que no pueden ser contenidas por tanquetas, balas, perdigones ni gases, mucho menos por una dirección política que intenta direccionar una lucha “pacífica, democrática, constitucional”. Esto es una guerra entre un régimen que trata de sostenerse solo con el poder que aún le da el gobierno y el apego de unos militares que pisotean su institucionalidad y deberes a cambio de jugosas prebendas… y un pueblo que reivindica la libertad conquistada hace 206 años, sin más armas que su deseo soberano.

Las medidas desesperadas como la constituyente solo harán más sangriento el final. Venezuela no aceptara que un grupo de desadaptados se sienten en el Salón Elíptico que guarda la sagrada Arca de la Independencia, a guillotinar los poderes que les estorban (AN y Fiscalía), para luego cambiar la constitución a su antojo con el único fin de quedarse para siempre en el poder. Eso no pasará, aunque las rectoras del CNE amenacen con cárcel a quien se oponga, aunque la ex gloriosa fuerza armada siga matando, hiriendo y apresando a venezolanos, aunque Maduro baile sobre la tumba de su madre.

El final de esta pesadilla está cantado por la mayoría absoluta de los ciudadanos de este país, que han decidido, ejerciendo su poder originario, realizar una consulta por demás constitucional en la cual los venezolanos responderán SÍ a las 3 preguntas que deslegitimarán al régimen, a los militares socialistas-chavistas-maduristas, a las instituciones mercenarias. El 16 de julio, curiosamente día de la Virgen del Carmen, patrona de los navegantes, protectora de las travesías peligrosas, se oirá a una sola voz: ¿Quiénes somos? ¡Venezuela!, ¿Qué queremos? ¡Libertad!

 

 

Charitorojas2010@hotmail.com

@charitorojas

Deja un comentario