El viacrucis de los estudiantes de la UPEL y sus familiares aún no termina

No se permiten las visitas durante los primeros 30 días. Esa regla impidió que los padres y esposas de los 10 estudiantes de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL) los vieran, luego de que el pasado jueves fueran trasladados desde la cárcel de El Dorado, en Bolívar, hasta el al Centro de Formación del Hombre Nuevo Libertador, ubicado en Tocuyito, Carabobo.

Con la esperanza de que les permitieran la visita, el grupo de familiares llegó a Tocuyito desde antes del mediodía de este sábado. Aunque se tuvieron que enfrentar con un “no” rotundo, perciben el traslado como un paso más hacia la libertad ya que el próximo 27 de septiembre debería realizarse la audiencia preliminar de la que esperan salgan libres.

Nos dijeron que se encuentran bien, y aunque no podemos confirmar esto con certeza, sabemos que tanto ellos como nosotros estamos mejor. Después de El Dorado, esto es un gran avance, señaló Mariali Castillo, esposa de José Saldivia, uno de los cuatro estudiantes que contrajo paludismo. Kevin Rojas, Enyer Matute y Alex González fueron los otros afectados.

Todos llevan bien la cuenta. Hoy se cumplen 77 días desde la detención de los muchachos y desde el día 46 la fiscalía encargada de llevar la causa dictó sobreseimiento a ocho de los 10, es por ello que estas familias no esperan otra cosa sino la libertad para sus seres queridos. “Serán los nueve días más largos”.

EL VIACRUCIS

Fue un viacrucis. Con esas tres palabras Castillo describió la tortuosa experiencia de visitar a su esposo en la cárcel El Dorado. Los más de mil kilómetros de separación entre el recinto penitenciario y su hogar cambiaron para siempre sus vidas.

Un autobús desde Maracay hasta Tumeremo, luego una curiara para cruzar el río Cuyuní y finalmente un “carrito por puestos”, es la ruta para llegar hasta El Dorado. En total el viaje dura unas 20 horas, aunque en los peores días llegaba a las 30, detalló. “La pesadilla comenzaba con la compra del pasaje. Muchas veces nos tocó quedarnos a dormir en el terminal”.

Alrededor de 750 mil bolívares por persona era el presupuesto que debía reunir cada uno de para poder hacer el viaje. Sin incluir la comida, agua potable, productos de aseo personal y medicamentos que debían llevarle a sus familiares. Al llegar a la cárcel debían caminar con las pesadas bolsas cargadas de insumo por casi un kilómetro desde la entrada hasta el área de reclusión. Solo está permitida la entrada a las mujeres.

Las madres y esposas de los estudiantes calificaron como traumático el proceso de las requisas a las que fueron sometidas en El Dorado. Luego de hacer 20 sancadillas y una revisión con espejo en la que les exigían pujar, podían ver a sus hijos o esposos según fuese el caso.

 

Fuente: El Carabobeño. 

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