Wuilly Arteaga: un violín torturado

Un día de abril, Wuilly Arteaga agarró su violín y una bandera de Venezuela para abrigarse y se fue de Ciudad Tablita a Caracas.

Arteaga dejó atrás el barrio y la juventud en Valencia, estado Carabobo, para luchar con su música en la capital. Se integraba a las manifestaciones junto con el resto de los ciudadanos y tocaba su violín.  “Más que nada para calmar los ánimos”, dice Alfredo Romero, su abogado.

Él y Hazel Pinto, su novia, clarinetista, salían a la calle y poco a poco, Wuilly, a sus 23 años, se fue convirtiendo en un curioso símbolo. Tocaba en todos los espacios públicos por la libertad del país, reseñó El País en un reportaje. 

Canciones como el “Alma Llanera” o el Himno Nacional eran los temas que emocionaba a la pareja, comenta su novia. Luego de que funcionarios de la Guardia Nacional Bolivaria le destrozatan el violíon, no le fue difícil conseguir otro. “No tenía manos para tanto instrumento. Agarró uno y siguió en las protestas, tocando”. Había que darle un escarmiento. También se lo destrozaron, pero esta vez dándole golpes con él.

La última vez que Hazel lo encontró fue a 100 metros, después de haberle visto irse unos días atrás con la cara cubierta de puntos y golpes: “Estaba en la camioneta que lo trasladó al juzgado. Lo habían retenido 96 horas sin comunicarle los cargos cuando lo legal, aquí en Venezuela, son 48”, afirma.

“Instigación pública y detención de objetos incendiarios” fueron los cargos que se le imputaron al violinista desde su retención el pasado 27 de julio. “Nos preguntamos si la instigación es la música y el objeto incendiario, su violín”, expresó Pinto.

 

Fuente: El Nacional.

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