#Opinión Charito Rojas: Ágora… El bueno, el malo y lo feo

“Cuanto menos se tiene, más importante es tu voto. Los votos construyen hospitales. Con la indiferencia no se construye nada.” Alfredo Pérez Rubalcaba (1951-     ), químico, profesor y político español del Partido Socialista, vicepresidente del Gobierno de España.

No es una frase de campaña, ni un slogan vacío. Leopoldo López, antes de ser apresado, dijo que luchaba por “una mejor Venezuela”. Por extensión, Alejandro Feo La Cruz, el alcalde de Naguanagua que aspira a la gobernación de Carabobo, la aplicó al estado, repitiéndola constantemente en una larga pre campaña que ya anunciaba su aspiración.

Feo La Cruz es un abogado especializado en políticas públicas, que proviene de una familia de abogados y políticos. Su abuelo, Salvador Feo La Cruz fue gobernador, así como su tío Henrique Salas Römer y su primo Henrique Fernando Salas Feo. Acompañado siempre por su esposa Malimai, dan una imagen de pareja feliz y compenetrada, que trabaja unida en su proyecto político.

Las diferencias con la conducción de sus familiares del partido Proyecto Venezuela, lo hicieron separarse y unirse a las filas de Voluntad Popular, no sin antes haber fundado su propio partido, Juega Limpio. La Alcaldía de Naguanagua ha sido un ensayo de lo que Feo La Cruz quiere para Carabobo. Su balance anota grandes éxitos como los proyectos de Naguanagua ciudad cultural, los festivales del Samán y de Jazz, el haber propiciado que se convirtiera en la capital de los congresos del país. El ornato público, los parques infantiles y la apertura de Naguanagua al desarrollo de urbanizaciones, centros comerciales, hoteles y automercados, amén de los llamados “mercados de Alejandro”, ventas de calle de productos agrícolas y otros alimentos, nacidos por la necesidad rotunda de abaratar el precio de la comida.

La inhabilitación de Enzo Scarano, cuya candidatura a la gobernación se daba por descontada, sin duda allanó el camino de Alejandro a la nominación. Aunque las escaramuzas no faltaron, finalmente los partidos de la unidad admitieron que debían presentar un frente único y optaron por un consenso que evitaría unas problemáticas primarias. Pero como nunca faltan las piedras que las señoras del CNE colocan diligentemente en el camino, no tomaron en cuenta la declinación de los partidos en un solo candidato, lo cual hace nulo todo voto en cualquier otra tarjeta de partidos que no lleve el nombre de Feo La Cruz, violando su obligación de informar y facilitar el proceso al elector. Así que la unidad tiene el trabajo adicional de informar a sus electores que sólo deben votar en las tarjetas que tienen la identificación de su candidato, que en el tarjetón de Carabobo son Primero Justicia, AD, Copei, Voluntad Popular y Juega Limpio.

Las carencias presupuestarias, la vertiginosa campaña de apenas 20 días, aunada a la severa limitación publicitaria impuesta a los medios por el CNE, contrasta con las millonarias campañas de los candidatos oficialistas, a quienes poco importa la limitación de espacios y tiempos publicitarios, porque tienen a su disposición el sistema de televisión y radioemisoras del estado, que usan y abusan a su antojo, transmitiendo 24 x 7 todos los actos de campaña de los candidatos oficialistas, sin que –como siempre- el CNE llame la atención sobre ese abierto ventajismo.

Eso sí, el presidente Maduro solicitó al órgano comicial que investigara la procedencia de los fondos con que la oposición paga su campaña, en un cínico olvido de los transportes colectivos públicos utilizados para movilizar a sus seguidores; los vehículos oficiales ( especialmente de Corpoelec) usados para pegar la publicidad; la profusión de afiches y gigantografías, habladores, franelas, gorras, viáticos y logística de la campaña de los candidatos del PSUV; por no hablar de las miles de horas hombre perdidas porque los empleados públicos y los soldaditos son usados para rellenar mitines y actos rojitos, con viáticos pagados con dineros del estado.

Siguiendo en Carabobo, la designación de Rafael Lacava (cero primarias ni consenso) fue una sorpresa. El ex alcalde de Puerto Cabello había dejado el cargo hace un año, por razones de salud, atribuidos a un cáncer renal. Se mudo definitivamente a Europa, donde ya residía su esposa e hijos, desde hacía años. De pronto vino la propuesta de la candidatura a la gobernación por parte de Nicolás Maduro, amigo de Lacava, y éste aceptó por la oportunidad política dice él, aunque sus adversarios agregan que lo convencieron dándole un presupuesto de campaña que manejaría a su libre albedrío.

Lo cierto es que ha desplegado una campaña más que enérgica, frenética. Se ha quitado la camisa, se ha lanzado en el piso, ha trepado en postes, baila regaton en los mitines y llega a Globovisión montando un burro. Excéntrico, deslenguado, grosero, hace reír con locuras que banalizan su campaña “Carabobo, te quiero”.  Su esposa Nancy, se incorporó en esta última semana de campaña. Dice él mismo que ella estuvo en desacuerdo con ese regreso político, pero 27 años juntos concluyen en acuerdos.

Lacava pertenece a una honorable familia ítalo-venezolana que se radicó en Puerto Cabello. Ha tenido educación, estudios, viajes y buena vida. Algo que contrasta rotundamente con su imagen pública. Muchos creen que tanta excentricidad debe tener una razón física o un elemento externo que le trastorna. Pero Rafael Lacava no está loco, sabe exactamente lo que quiere, está disfrutando a sus anchas la campaña. Insólitamente, pese a ser el único candidato oficialista que se retrató con Maduro, su discurso parece el de un candidato opositor, habla como si la gobernación de Carabobo no estuviese ocupada por el chavismo y ofrece acciones diametralmente opuestas a los lineamientos del gobierno. No teme al ridículo y se ríe de las críticas.

Ese es el panorama electoral de Carabobo, un estado plagado de calamidades que manifiesta, según encuestas de última hora, un 65% de intención de voto, inclinándose un 52% por Alejandro Feo La Cruz y un 27% por Rafael Lacava. Dos estilos radicalmente diferentes, el chico bueno y el chico malo. Uno tan sereno que a veces transmite poco, pero que no se aparta de la línea democrática, de la participación ciudadana, el estímulo a la inversión privada, el cogobierno con los vecinos, la austeridad presupuestaria. Otro con una velocidad de vértigo, conductas inusuales y campaña dirigida a un target muy básico.

Los carabobeños tienen la oportunidad, el derecho y la obligación de elegir a quien tenga la posibilidad de rescatar a Carabobo, recuperar su zona industrial, combatir la inseguridad, luchar por el sistema de salud y sobre todo respetar a los ciudadanos de un estado duramente azotado por la plaga roja durante 18 años. Abstenerse no es opción. Que tu voto sea la mejor elección.

 

 

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