El país que queremos por Miguel Antonio Parra Giménez

Sobre las medidas.  El gobierno nacional ha dolarizado el salario sin decirlo públicamente, como una de las medidas económicas dictadas, en ocasión de la conversión monetaria que hoy rige en Venezuela. El reconocimiento del valor del dólar americano a bolívares 60 (BS. 60,00) y anclando el salario a Un Dólar ($.1.00), por día, da como resultado un sueldo mensual de bolívares Un Mil Ochocientos (BS. 1.800,00). Aquí no ha habido equivocación, esto ha estado bien pensado, aunque el gobierno lo quiera negar.

Partiendo del hecho que el comercio en general venía estableciendo un precio en los bienes en relación directa al dólar, solo faltaba en la economía interna la dolarización de los sueldos. Siento esto un reclamo nacional, el gobierno ha tenido que otorgarlo sin reconocerlo públicamente. Es esta la razón por la cual despenalizaron las operaciones cambiarias, para que el sector productivo en general, pueda comprar y vender al precio de la moneda americana, basta ahora que se desmonte el control cambiario. Hay que ver si el gobierno se atreve.

En un sistema político serio, estas medidas resultan ajustadas a un esquema de recuperación económica que incluye obligatoriamente un préstamo del Fondo Monetario Internacional y una política de inversiones abiertas al capital nacional y extranjero. En el caso venezolano, nadie del régimen es garantía de confianza a ningún sector de inversionistas y menos a la banca mundial, por el manejo de los fondos prestados, así como de las garantías de retorno del capital invertido. La posibilidad de éxito de este programa tiene la misma probabilidad que de fracaso. El gobierno de Nicolás Maduro, juega su última carta en materia económica, y se entrega a un modelo económico de lo mas capitalista, con marcada tendencia de la derecha económica extrema.

Una de las debilidades de este programa económico está sin duda alguna en la figura del Petro, una especie de bono que el régimen le ha dado por llamar criptomoneda, no siéndolo. Quien se dé a la tarea de averiguar cuál es el área de explotación donde se encuentra enmarcado el Petro y la inversión que se requiere para su explotación, encontrara su primera dificultad. Hay quienes consideran que todos aquellos contratistas del estado, serán en el primer orden los obtenedores de estos bonos, los cuales tendrán que colocarlos en el mercado segundario a todas aquellas empresas chinas, rusas, entre otras, que explotan concesiones en Venezuela y debe de pagar al Estado Venezolano, las regalías a las que están comprometidas. Algo parecido a aquello de que se pagan y se dan el vuelto. El negocio está en la recompra a menor precio y vuelve el gobierno a ponerlos de nuevo en el mercado. La pregunta, esta jugada será suficiente. Sin duda que no, pero les permite ganar tiempo a ver qué viento de cola pudieran tener en el precio del barril de petróleo. De nuevo por ahora el gobierno corre la arruga.

La convocatoria al paro.

El país reporto ayer un receso de actividad comercial que no puede ser considerado como efecto positivo del paro convocado. Los sectores económicos en un alto porcentaje se vieron obligados a no abrir sus santamarías,  ya que nadie con dos dedos de frente se suicida en primavera. Abrir para perder, esa no es posible.

El fin de semana, el comercio observo el agotamiento de gran parte del inventario por los consumidores, que prevén el alza de los precios en razón a la dolarización del salario. El comercio se obliga a revisar sus precios y consultar con sus proveedores el costo para su reposición. Lógico asumir cualquier postura que te lleve a no abrir, bien das vacaciones colectivas, entras en inventario, o recompones la estructura de tu negocio, lo contrario te llevara a la quiebra. Lo más sensato que se produzca esta semana, es que muchos negocios se mantengan cerrados. @miguelparra