LAS TENTACIONES DE UGALDE. Enrique Ochoa Antich.*

 

Aprecio como el que más al padre Ugalde. Desde siempre he estado atento a cuanto dice y escribe. Muchas veces he estado de acuerdo con él, otras no: y unas, como ésta, he estado de acuerdo y en desacuerdo, a la vez. Voy a explicarme.

Pasa que en buena parte de la oposición, particularmente en ese espacio que por comodidad podemos llamar exMUD o MUD extinta (con adiciones recientes), ha cundido la peste del radicalismo infecundo (porque hay uno que no lo es), que literalmente como un virus, contamina al contacto. Mucho tiempo convivieron los demócratas (que casi por definición para serlo deben ser moderados) con extremistas de uña en el rabo. Era el diseño (errado) de la MUD: pretender conciliar lo inconciliable: voto y abstención, diálogo y no diálogo, paz y violencia, soberanía y tutelaje.

Así ha ocurrido entre nosotros el fenómeno de la doble conciencia, del alma escindida. Me explico: en la oposición, creo, conviven tres oposiciones:

• Una, extremista pero coherente, como María Corina, a quien podrá enrostrársele su error (que es muy grande) pero no que no diga lo que piensa o que no haga lo que dice: esta oposición es abstencionista militante, no acepta diálogo ni negociación de ningún tipo a menos que sea para la rendición del “enemigo”, cree en una salida “a la fuerza” aunque sea sangrienta, y propicia una intervención incluso militar extranjera.

• Otra, democrática y también coherente, en la que estamos ubicados los que apoyamos y/o votamos el 20M por la candidatura de Falcón: esta oposición tiene cuatro valores fundamentales, a saber: cree en el voto como instrumento de cambio y vota siempre; es dialoguista por naturaleza y propicia (siempre) una negociación que haga posible una transición pactada, no importa si el interlocutor ofende, agrede, reprime; promueve la protesta pacífica, en particular social, y se deslinda de acciones como las guarimbas violentas; y acepta y estimula la solidaridad y la cooperación internacional pero no la injerencia ni el tutelaje; y por otro lado sabe que la unidad es un instrumento deseable (instrumento, no fin en sí mismo) y que su aspecto crucial no es (sólo) la cantidad de factores opositores agregados sino la calidad, el acierto de su política. Todos juntos agarrados de la mano por el camino equivocado nunca llegaremos a la meta.

• Y luego está la oposición de la doble conciencia, la del alma escindida, un extraño caso del doctor Jekyll y mister Hyde en la política, deidad y demonio: se trata de una oposición democrática, sin duda, que cree en la unidad como tótem, como fin en sí mismo, sin deslinde alguno, y que se deja tentar por el extremismo, cuyo liderazgo está siempre atento al Twitter y les habla a las gradas: es la del sí pero no, hoy no voto pero mañana sí, me siento a dialogar y luego tiro el tablero al aire y vuelvo otro día, etc.

Pongamos por caso el último artículo de Ugalde, oscilante entre sus principios democráticos y sus tentaciones extremistas. Veamos.

• Habla de la unidad de todos: “No importa de dónde venga cada uno, sino a dónde quiere ir”, dice, y enfatiza el acuerdo de todos en la “indignación y capacidad de reconocer que es totalmente inaceptable” el actual estado de cosas. ¿Quién puede estar en desacuerdo? Pero ¿de qué sirve? Todos, en efecto, queremos “Cambiar estas políticas”, el punto es si podemos estar de acuerdo en la táctica y la estrategia para lograrlo, en el “dónde ir”. ¿Cómo hacemos si unos queremos votar siempre, otros quieren votar a veces, y otros más no votar nunca; unos dialogar y negociar ya, otros quizá mañana, y otros más no hacerlo nunca; unos protestar pacíficamente y defender la soberanía y otros propiciar una invasión militar gringo-colombiana? ¿Son “distracciones”, “diferencias secundarias”, como dice Ugalde?

• Propone un “No a la violación de la Constitución” y a “la decisión tiránica no sólo de violarla sino cambiarla por una antidemocrática”. Ugalde ha propuesto votar NO en el eventual referendo, lo que en lo personal celebro… ¡pero al mismo tiempo reivindica la abstención en la “falsa elección de mayo, trampa que también fue repudiada por los países democráticos del mundo”! ¿Cómo es eso que por una parte defiende el principio democrático de lucha popular del voto pero por el otro se deja tentar por la falsa épica del no-voto?

• Admite que “Ciertamente la negociación es necesaria” pero de inmediato levanta el espejismo de impedir “la ilegítima prolongación de la tiranía el 10 de enero de 2019” pues “El período para el que fue electo Maduro termina para esa fecha”. ¿Y cómo se hace si ganó las elecciones del 20M gracias precisamente a abstenciones como la suya? ¿Qué haremos cuando el 11 de enero toquemos el timbre en Miraflores y quien abra la puerta sea Maduro? ¿La negociación propuesta es ¡para antes del 10E!???

• Dice que “El régimen inventó una votación tramposa para eliminar la elección constitucional de fines de 2018 para el nuevo período presidencial”, sin recordar que fue la oposición la que durante dos años exigió la anticipación de esas elecciones.

• Sostiene correctamente que “este cambio lo tenemos que hacer los venezolanos con un espíritu de unión,  de reconciliación y de reconstrucción propios de un renacer nacional” pero al decir que “en esa negociación y transformación del país, juegan un importante papel quienes creyeron en el ‘proceso’ y hoy reconocen honestamente el desastre que ha producido y ahora tienen voluntad de cambio”, excluye de plano a quienes gobiernan. Negociación, dice, sólo para “ayudarles a hacer sus maletas”. Con ese criterio, Pinochet no habría sido luego de su salida del poder jefe del Ejército y senador vitalicio, ni  De Klerk el primer vicepresidente de Mandela, ni Humberto Ortega habría seguido siendo jefe de las Fuerzas Armadas con Violeta Chamorro en la presidencia, ni los comunistas de Europa oriental hubiesen podido refundar partidos socialistas y regresar por esa vía (casi todos) al poder mediante elecciones democráticas. Es decir, con esa visión restringida las transiciones chilena, sudafricana, centro-americana, o comunistas europeas no habrían tenido éxito.

En fin, que el primer paso para que se pueda reconstruir la unidad posible es admitir una estrategia clara y reconocer autocríticamente los errores para poder corregirlos. La unidad posible que el país espera debe comenzar por retomar la ruta democrática exitosa sin ambages. La unidad posible que puede darle de nuevo a la oposición una unidad de mando e impedir su autodisolución es la que tiene por estrategia el voto, siempre; el diálogo, siempre; la protesta, sólo pacífica; y la cooperación internacional sin injerencia ni tutelaje.

Hora de rectificaciones y reencuentros para poder luego reconciliar y reconstruir al país. @eochoa_antich

 

 

*  Político y escritor. Miembro fundador del Movimiento al Socialismo (MAS). Miembro de la Concertación por el Cambio.