Vence el subdesarrollo. Ramón Guillermo Aveledo

 

Antes había entre nosotros debates en torno a la definición de desarrollo, si estábamos haciendo lo correcto o lo suficiente o si avanzábamos al paso adecuado, ahora casi nadie sensato sería capaz de negar que las políticas del gobierno, sus acciones y sus omisiones, nos han lanzado por una pendiente en acelerado deslizamiento hacia el subdesarrollo. No es cuestión de indicadores, que también lo dicen, sino constatación en la vida real que vivimos. Vamos para atrás. Lo que estaba malo está peor, lo que estaba regular está malo y lo que estaba bien ya no es ni su sombra. Son los terribles efectos de un grupito que con la excusa de la superstición ideológica privatizó el Estado, lo exprime, sin importarle en absoluto la suerte de la mayoría nacional.

Pero también es verdad que el país, su inteligencia, su voluntad de hacer, no se rinde. Recien ví otra muestra de eso en nuestra querida y golpeada Universidad Central, cuyo CENDES acaba de publicar, con apoyo del ILDIS-Fundación Friedrich Ebert que se agradece, máxime cuando el poder se ha ensañado contra la academia, el libro Nuevas visiones sobre el desarrollo, en perspectiva latinoamericana y nacional. Su editor es Carlos Mascareño y además de dos artículos suyos sobre las teorías del desarrollo y el desarrollo territorial, tiene trabajos de los profesores Rafael Mac Quahe, Angel Hernández, Arnoldo José Gabaldón, Magaly Huggins, Antonio De Lisio, Nelly Arenas, Carlos Aponte Blank y Juan Carlos Sánchez, con temas del desarrollo en su relación con globalización, medio ambiente y sustentabilidad, género, democracia, Estado de Bienestar y la transición energética. Y lo mejor, como está en Internet es gratis.

En resumen, una buena ración de alimento sustancioso para una discusión relevante, cada día más ausente en una confrontación nacional desnutrida de ideas, expresión de la crisis de un país cuyo pueblo sufre las carencias más elementales.

Ese pueblo angustiado por su futuro y el de sus hijos que madruga para esperar el transporte incierto y llegar extenuado a un trabajo sin incentivos o un aula sin maestro, que hace colas para casi todo y cuyo ingreso le alcanza para casi nada, necesita de esperanza. La esperanza se la puede dar un verdadero movimiento nacional capaz de reunir a todo el país damnificado por las políticas del grupito en el poder. Todos. El Frente Amplio Venezuela Libre puede ser su germen y la Asamblea Nacional su pivote institucional.

¿Y cómo? Con dos con decisiones sencillas y fundamentales. Reconocer el valor de la unidad y la prioridad absoluta de atender la angustia de los que sufren. Para eso, empezar por dejar de lado dos afanes contraproducentes: el de diferenciarse de los otros opositores y el de gastar tiempo y saliva en temas de exclusiva mecánica política.