¿NO LES DA VERGÜENZA?  Enrique Ochoa Antich *

No asumo al chavismo y ni siquiera al chavismo-madurismo como un todo homogéneo. Nunca lo he hecho y la vida, y las numerosísimas disidencias de uno u otro tipo, me han confirmado en esa creencia. Los hay, claro,
energúmenos militaristas, fascistas de uña en el rabo, incultos y elementales, como el teniente Cabello. Pero sé también que los hay de otro tipo, más educados aunque estén sometidos al cepo ideológico de trasnochadas nostalgias bolcheviques, menos autoritarios para no decir democráticos, inteligentes e, incluso, los hay honestos aunque, al menos a
nivel dirigente, no sean muchos.
Este escrito quiere ser un mensaje (¿sin destino?) a Nicolás Maduro, a quien más allá de nuestras divergencias ideológicas atendí muchas veces en sus demandas de resguardo a los derechos humanos de algunos de sus camaradas; a Cilia Flores, a quien alguna vez consideré respaldar en sus aspiraciones parlamentarias por El Paraíso, aunque ni siquiera esa vez, en
1998, yo apoyara a Chávez; a Jorge Rodríguez, que aprecio culto e inteligente, a quien hace mucho, mucho tiempo encomié como presidente de la FCU de la UCV; a Delsy y Tarek, a quienes empleé en el Comité de Derechos Humanos de los 90; a Aristóbulo, cuya victoria electoral en Caracas defendí en la calle; a Jesús Farías, cuyos pálpitos modernizadores
aunque insuficientes en materia económica valoro y cuya honestidad reconozco; y a muchos otros.

Se lo pregunto con la mano en el corazón: ¿no sienten vergüenza? Cuando van en sus vehículos por carreteras y calles, todas agujereadas y desfondadas, ¿no sienten vergüenza?
Cuando ven las incrementadas cifras de mortalidad infantil debido a enfermedades prevenibles y no tratadas (o mal tratadas por ausencia de medicamentos o de insumos), algunas emparentadas con el hambre, ¿no sienten vergüenza?
Cuando día a día se informan de esta espiral hiperinflacionaria, que ustedes saben no tiene excusa en guerras económicas sino que se ha causado en las malas políticas económicas de 20 años, pero en particular de estos últimos 5, lo que convierte los ingresos de un trabajador en sal y agua, provocando niveles de pobreza ni siquiera conocidos antes de 1998, ¿no sienten
vergüenza?
¿Ningún bochorno les causan estas cifras demoledoras (con todos sus suprimidos ceros)?:
• Del viernes negro del 83 a 1998 (15 años), el $ pasó de 4 a 500 bolívares
(y era un escándalo).
• De 1998 a la muerte de Chávez (14 años), el $ pasó de 500 a 79.000 (y
era un escándalo aún mayor).
• Pero de 2013 a hoy (6 años apenas), el $ ha pasado de 79.000 a… ¡34.000.000.000! (treinta y cuatro mil millones de bolívares por un $, cifra tan alucinante que cuando hago uso de ella debo calcularla de nuevo para
confirmarla ante mi propia perplejidad).
¿No se sonrojan acaso sus mejillas cuando se conocen los milmillonarios hechos de corrupción (¡centenares de miles de millones de $!), que dejan pálidos los del pasado, causados en buena medida por la autoritaria decisión de confiscar la constitucional autonomía de los Poderes Públicos, contrapeso contralor natural a toda democracia, haciendo así de la
Contraloría tan sólo una oficinita partidista para la retaliación política, y burlando el sometimiento de los funcionarios públicos a la competencia contralora del Parlamento? ¿Cómo no ha de haberse degradado la moral pública si partido y Estado se fusionaron en una sola cosa y si la “revolución” fue convertida en la más grande coartada (como antes fue el partido) de los pilletes y truhanes de cuello rojo? ¿Pueden sorprenderse de tantos y tantos negociados de la corrupción petrolera que han dejado atónitos a los venezolanos y al mundo entero?
Cuando cortan la luz o el agua o sus alcaldes no recogen la basura,
entretenidos los funcionarios responsables en “hacer la revolución” (Bernaldixit), en vez de estar ocupados en el mantenimiento de plantas, represas, turbinas, camiones, ¿no sienten algo de embarazo? ¿Ninguna afrenta a su
honor sienten que es esa ignominia que llaman las perreras?
¿No constatan que es un baldón indeleble para la posteridad que su gestión
al frente de la cosa pública haya retraído la producción petrolera a ínfimos
niveles de tres décadas atrás?
En fin, ¿no se produce allá en el fondo último de su alma algo de vergüenza por esta destrucción generalizada que con empeño digno de mejor causa han acometido contra esta sufrida y escarnecida patria nuestra?

¿No pueden por una vez admitir ante sus propias conciencias que es puro cinismo atribuirse una mayoría que no existe y que sólo bastarían unas elecciones limpias, sin abusos de poder ni triquiñuelas (al margen de las necedades de la oposición extremista/abstencionista que reconozco), para que el proyecto político que representan sea desalojado del poder por el
voto de la clamorosa voluntad de los venezolanos?
¿No vale la pena, si quieren ganarse algún derecho de futuro, propiciar pero en serio, como lo hicieron los liderazgos de tantos regímenes autoritarios e incluso totalitarios que en el mundo han sido, un proceso de verdadera transición democrática, pacífica, civil, nacional, electoral, negociada y pactada, que permita la reconciliación de todos los hijos de esta tierra, la
reinstitucionalización de la república y la reconstrucción de la nación?
¿No es hora de irse? @eochoa_antich
*  Político y escritor. Miembro fundador del Movimiento al Socialismo
(MAS). Miembro de la Concertación por el Cambio.