Dos horas de asedio armado en Catia

Fue un ataque. No hay otro término. Ni situación irregular, ni hecho violento. Grupos armados dispararon contra la multitud concentrada frente a la iglesia El Carmen, en la avenida Sucre, de Catia, donde esperaban votar en la consulta popular de ayer convocada por la MUD y la Asamblea Nacional. En el hecho falleció una mujer y resultaron heridas tres personas más.

Desde temprano el entusiasmo era inocultable. No solo por el hecho de participar, sino por hacerlo en un lugar que lucía sagrado para el chavismo: Catia, ese último reducto del oficialismo en el oeste de la ciudad del que han hecho tanto temer, pero en el que hay tanto descontento.

En la pared frente a la que los voluntarios recibían a las personas había pintas en las que un hombre armado apuntaba al vacío. Las imágenes venían acompañadas: “Los colectivos toman Caracas en defensa de la revolución”. Hasta ese momento todo era triunfo frente a la intolerancia. Esos dibujos no eran más que retazos de un pasado para los que ahí estaban, pero a menos de 100 metros, en las cercanías del Parque del Oeste, centenares de personas, la mayoría de rojo, hacían un simulacro de la constituyente.

Quienes habían votado y acompañaban a los demás en el punto soberano empezaron a trancar el paso de los seguidores del gobierno y el camión. No iban a permitir que los amedrentaran.

Gritos de un lado a otro. La policía se colocó en el medio, como dispuestos a evitar un enfrentamiento, pero no. Cada cierto tiempo daban un paso al frente, arrinconando a la gente que participaba en la consulta en rechazo a Nicolás Maduro.

Los de rojo empezaron a cantar el Himno Nacional; del otro lado pedían que se fueran. Entonces, en el camión le dieron play a esa canción de los españoles de Ska-P que dice “Adelante, comandante” y los entusiastas saltaron de alegría. Mientras, en la retaguardia de quienes votaban llegaron motorizados. De repente se escucharon los disparos. Uno, dos, tres, cuatro, cinco y se pierde la cuenta cuando toca correr. Un grupo minúsculo se resguardó detrás de un kiosco, mientras otros buscaron refugio en la iglesia. Los policías ni se movieron. El coro pegajoso de la campaña de Chávez  siguió sonando.

Los miembros de mesa aseguraron que los votos estaban a salvo, que ninguno se perdió. Pero afuera había sido asesinada Xiomara  Scott, de 61 años de edad. La mujer, que era enfermera jubilada del hospital Pérez Carreño, fue trasladada al Periférico de Catia, de donde funcionarios del Cicpc se llevaron su cuerpo a la morgue de Bello de Monte. Junto con Scott ingresaron heridas Mary Bordanos, de 50 años de edad, con un disparo en la pierna; Flor Sánchez, de 59 años, también en la pierna, y Nelly Alcalá, de 60 años, en el tórax. Alcalá fue intervenida quirúrgicamente y al cierre de esta edición seguía en la Unidad de Cuidados Intensivos. El Ministerio Público comisionó al fiscal 124º del área metropolitana de Caracas, Juan Carlos Toro, para investigar los hechos.

En la iglesia quedaron atrapadas alrededor de 500 personas durante dos horas, mientras se despejaba la avenida Sucre. Varias de los asistentes que allí se refugiaron, apenas al entrar al templo, se dirigieron al altar, directo al Santísimo, donde se arrodillaron para pedir el fin de tanto horror. “¿Por qué, señor, por qué hacen todo esto? ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo? ¡Ya basta!”, exclamaba una mujer con lágrimas en los ojos. Al lado, una joven rezaba con el rostro pegado al suelo.

Ya la puerta estaba cerrada, pero temían que la tumbaran. En uno de los pasillos un joven convulsionaba. “Tiene un ataque de epilepsia y no tiene pastillas”. Poco a poco se recuperó, pues salir no era una opción.

Pasaban las horas, rezaban, se encomendaban a la Virgen del Carmen. Era su día y a las 3:00 pm la imagen iba a salir en procesión. Por ello, el cardenal Jorge Urosa estaba allí, también entre los refugiados. El arzobispo estaba en la casa parroquial contigua a la iglesia. Acompañado de funcionarios de la PNB salió el sacerdote y medió para desalojar el templo con relativa seguridad. Quienes estaban adentro reclamaron a los policías su inoperancia cuando los disparos. Al final se organizó un plan para dejar la iglesia. Los agentes armaron un cordón de seguridad para que la gente saliera. Pero la mayoría desconfiaba de los oficiales. Paulatinamente terminaron saliendo.

Miles de personas

Los miembros de los puntos soberanos no se daban abasto ante tanta gente que quería votar. A las 2:00 pm, pocos minutos antes de los disparos, habían depositado su tarjetón alrededor de 15.000 personas. “Esto es masivo, Catia se levantó”, decía uno de los asistentes.

Rebasó las expectativas. Algunos votantes incluso se sumaron inmediatamente a la jornada como miembros de mesas que tuvieron que improvisar para atender a la ciudadanía. No usaban cajas. Una versión decía que miembros de colectivos las robaron temprano, mientras que otros aseguraron que era mejor usas bolsas para depositar los votos y así escapar más fácilmente frente a un ataque.

 

Fuente: El Nacional.

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