Francisco Bello: la solución es política pero no necesariamente electoral

Francisco Bello, presidente de la Encuestadora Pronóstico, realizó un análisis sobre la situación política, económica y social del país a propósito del cierre del año 2017.

 

A su juicio, en Venezuela la salida es política pero no necesariamemente electoral, pues asegura que el Consejo Nacional Electoral carece de legitimidad y es un ente en el que ya nadie confía.

 

A continuación análisis completo:

Hemos vivido una de las navidades más tristes que puedan recordar los venezolanos, en la que el silencio se ha escuchado mucho más fuerte que la bulla del gobierno que trata de disimular una realidad demasiado evidente.

 

Un país paralizado con el sector comercio en el suelo, sin gasolina, sin comida y con una hiperinflación que se comió las utilidades de los trabajadores.

 

Ahora bien, el diagnóstico es demasiado obvio, pero la solución mucho más compleja. La salida a esta inmensa crisis es, sin duda, política, pero no necesariamente electoral. Ha quedado demostrado en las últimas dos elecciones, que con estas condiciones y mucho más aún, con este CNE, una oposición que es mayoría abrumadora, no tiene la intención de salir a votar.

 

El CNE actual, no solo carece de legitimidad de origen, porque fue nombrado de forma fraudulenta, no sólo genera desconfianza por lo sesgado de su desempeño, sino que además se ha convertido en la mejor arma del gobierno para generar la abstención opositora.

 

Es por eso que la salida electoral pudiera darse como un evento posterior a sucesos de índole político que abran la puerta a unas elecciones justas, transparentes, que generen confianza a las mayorías y eso pasa por nombrar un CNE que sea árbitro y no herramienta gubernamental.

 

Sin embargo, para que se de una salida política, ésta u otra, es absolutamente necesario que estén alineados algunos elementos:

 

1) Una oposición coherente, renovada, que genere confianza, con el objetivo prioritario como norte, que no se distraiga en la consecución de migajas ni en cálculos partidistas que van en la dirección opuesta a lo que reclama el país general.

 

2) Una comunidad internacional proactiva, que sepa interpretar lo que ocurre en Venezuela, que piense realmente en los venezolanos como personas y no en Venezuela como una ficha en el ajedrez de la política internacional y el recrudecimiento de la guerra fría.

 

3) Unos venezolanos comprometidos con generar un cambio. La gravedad de la situación nos ha mantenido distraídos buscando subsistir, olvidándonos de que la verdadera solución no está en palear la situación cotidiana, sino en erradicar el problema de fondo.

 

Por otra parte, existen otros factores e instituciones de suma importancia y banderas que unirían a todos, sin importar su pensamiento político.

 

Por ejemplo, 8 de cada 10 venezolanos, incluyendo oficialistas y opositores, siente confianza en la Iglesia Católica y sus voceros en el país, lo que la convierten en un elemento muy poderoso, no para el trabajo político que no es el rol que directamente le corresponde, sino en la defensa del ser humano y su dignidad, que se ha visto tan pisoteada en los últimos tiempos.

 

En otro orden de ideas pareciera importante que todos quiénes generan opinión en el país, empezando por la iglesia, exijan con firmeza la apertura del canal humanitario. Esto, sin ninguna duda uniría a todos los Venezolanos en ese clamor y haría al gobierno doblemente culpable del hambre y la falta de medicamentos; primero por generar la crisis y luego por no permitir la ayuda que busca mitigarla.

 

Frente a esta realidad luce imperante que cada una de las partes involucradas en el problema juegue su rol de manera responsable; es tan inaceptable el silencio de la dirección opositora como la resignación de los venezolanos frente a una crisis que pone en riesgo la propia vida de diversas formas.

 

Sin embargo, el gobierno no tiene todas consigo. Pareciera imposible que el hambre, tarde o temprano, no termine en un estallido social de proporciones inimaginables que pudiera llevarse consigo a la dirigencia de ambos bandos y el alto gobierno lo sabe. Por otra parte, Venezuela es de un importancia superlativa en el juego político mundial, por sus reservas petroleras y su estratégica ubicación geográfica, pareciera que el interés de la comunidad internacional en el caso venezolano será creciente, así como las presiones de toda índole que existen y serán mayores.

 

Quienes somos demócratas y creemos en la política con “p” mayúscula, aspiramos una salida pacífica; quienes somos católicos y humanistas, aspiramos una salida cercana, sin embargo, tememos que la gravedad de la situación está pasando por encima del liderazgo del país.

 

 

Cortesía noticiero52