#Opinión Charito Rojas: El desmadre

“Cuando la hipocresía comienza a ser de muy mala calidad, es hora de decir la verdad”. Bertolt Brecht (1898-1956), dramaturgo y poeta alemán, uno de los más influyentes del siglo XX, creador del teatro dialéctico.​

 

Llegamos al punto del desmadre (según la RAE: conducirse sin respeto ni medida; exceso desmesurado en palabras o acciones; juerga desenfrenada). Gobierno, oposición, ciudadanos, todo en Venezuela anda de cabeza, con los parámetros conductuales de país civilizado extraviados, en medio de un caos político, económico, moral.

 

La responsabilidad primaria recae en una seudo revolución que ha aplicado sobre el país democrático y  jocoso que era Venezuela, el cepo del modelo cubano de represión de libertades, que ha conducido a la quiebra que hoy asoma en todos los aspectos nacionales. Para el chavo madurismo castrista, la patria es una naranja que hay que exprimir hasta dejarla en el bagazo: sacarle todo el jugo y apoderárselo, traficarlo y chantajear. Ahora cuando finalmente quedan solo restos de lo que fue el país más rico y con mejores expectativas de desarrollo de América Latina, las acusaciones y culpas vuelan rápidas  e irresponsables: nadie quiere asumir la quiebra del país.

 

Era el final anunciado desde que el finado comandante asomó su boina en 1992: ninguna nación que se entrega a manos de un caudillo de improvisada formación y nula educación, con severos complejos de grandeza que permeaban su resentimiento atroz, puede surgir sana, próspera y feliz. Chávez removió el más profundo lodo de nuestra sociedad, lo ensalzó, reinó gracias al temor y violencia aplicada por ese detritus social sobre el resto de una sociedad, que creyó que éste era un gobierno más y que en la próxima elección enderezaría las cargas.

 

Los métodos de mafia utilizados ara conculcar todos los poderes públicos, violentando la ley y la voluntad de los electores, acomodando la legalidad a placer e ignorando el sufrimiento social que comenzó a asomar en el primer quinquenio del gobierno cuando el caudillo dijo claramente que ni por las buenas ni por las malas sacarían a su revolución del gobierno.

 

La quiebra democrática del país comenzó con la persecución judicial y encarcelamiento de opositores, por primera vez desde la década del 50 venezolanos se asilaban en embajadas y huían al exterior. Contra Chávez fracasaron las más grandes concentraciones, los paros nacionales, la abstención de las parlamentarias en 2005. Toda resistencia parecía agravar una situación cada vez más desinstitucionalizada.

 

En 2007, la derrota del gobierno enseñó a la oposición que sólo trabajando unida podría tener logros. Sin embargo, después de lo que Chávez llamó con su irrespetuoso lenguaje cuartelero, una “victoria de mierda”,  su gobierno desechó cualquier reparo legal y comenzó a actuar por encima de la constitución, imponiendo por vía de decretos la reforma constitucional que el pueblo le había negado en las urnas. En 2012, moribundo, hace su maldad final: dejar a un heredero incapaz para el gobierno pero fiel a las directrices cubanas, que a su criterio, mantendrían a su revolución “100 años en el poder”. El heredero demostró fidelidad y también incapacidad, desde el inicio de su gestión, apoyado en su pisoteo a la constitución por el TSJ, el CNE y todos los poderes públicos.

 

En las presidenciales, las protestas de 2014, el sonoro triunfo en las parlamentarias 2015 y las duras protestas de 2016, la oposición demostró una fuerza que cualquier gobierno sensato habría reconocido. Al contrario, irrespetó a la Asamblea Nacional, multiplicó la represión, las muertes, los heridos, los detenidos, los presos políticos, las violaciones constitucionales, los exilios y la emigración.

 

Jamás en la historia del país un régimen había causado tanto daño a sus ciudadanos. En todos los órdenes, la revolución quebró a Venezuela. Políticamente, está actuando con una ilegal ANC como verdugo para anular la oposición. El finado logró sus cometidos a realazo limpio, pero Maduro sin dinero, es un hueso expuesto en su ruina. El gobierno negocia activos como las refinerías y Citgo para “sobrevivir” a una crisis económica que él mismo ha provocado, arruinando a la empresa nacional, cercando la economía que ha llegado ya a la hiperinflación, con un estimado que supera al 1.000% para diciembre 2017; sin efectivo, los puntos de venta colapsados, los cajeros inservibles, el dólar paralelo disparado, un corralito no declarado pero activo sobre el dinero de los venezolanos.

 

La revolución nos ha hecho miserables a todos, menos a los enchufados. Esa miseria se mide no solo en el bolsillo sino también en el suministro de agua, electricidad, telefonía, internet, educación, asistencia médica. El país lidera los rankings de los más miserables del mundo, mientras el discurso oficial nos llama “potencia”.

 

Finalmente Venezuela llegó al “default”, al impago que el gobierno había evitado a costa de suprimir importaciones de alimentos y medicinas. Con sanciones sobre funcionarios y sobre el tráfico del dinero y bonos venezolanos, con la mayoría de los países llamando por su apelativo a Maduro, con las bolsas y bancos del mundo cerrándose a negociar con Venezuela, el futuro económico del régimen y de los venezolanos  es terrible.

 

Sin embargo, el efecto “default” también es político: los fracasos electorales de la oposición son responsabilidad no sólo del ventajismo y trampas del gobierno y su CNE, sino de la desunión, las fallas de liderazgos y el alboroto de opinadores radicales que destruyen la Unidad, su mejor as de triunfo. Quienes hoy responsabilizan al liderazgo deben asumir como ciudadanos su propia responsabilidad en la reciente derrota electoral y reconocer que la MUD es el único órgano opositor interlocutor mundial, que los diputados han activado todos los organismos internacionales. Con total falta de visión en estos momentos en que el contendor está en la lona, los peleadores se echan cuchillo con el referí y los entrenadores, en lugar de aprovechar el momento para el fortalecimiento de un frente unido.

 

La oposición necesita ese órgano coordinador, llámese MUD o lo que sea, con tal aglutine factores políticos y sociales decisorios. Echar así  a la basura tantos años de luchas es lamentable. Hay que silenciar a los líderes que se  han dedicado a descalificar a otros, en una actitud que desdice de la grandeza de la lucha que habían desarrollado hasta entonces. Hay que mandar a callar a los radicales que todo lo destruyen sin aportar nada. Hay que construir rápidamente una unidad que actúe, proteste, marche, denuncie, apoye, suscriba y vote.

 

Venezuela está en quiebra económica, en quiebra política, en quiebra ciudadana. Es momento de entender que el gobierno de Maduro agoniza, con el desmadre nacional en su cénit. Es momento de actuar con madurez e inteligencia. Solo un frente de demócratas unidos podrá desplazarlo con firmeza y votos del poder.

 

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