Alergias a las altas desigualdades

Es hora de escuchar las protestas cada vez más ruidosas en América Latina y el mundo por las altas desigualdades, ejemplo el caso de Chile, y buscar caminos para reducirla.

BERNARDO KLIKSBERG.*

La película surcoreana Parásitos, ganó arrolladoramente en los premios Oscar 2020. La Academia le otorgó los Oscar a mejor film del año, mejor película extranjera, mejor director, y mejor libreto. Sentó un precedente único en la historia de los Oscares. Es la primera vez que se confiere el premio a la mejor película del año a una película extranjera. Su director se ha convertido en la nueva estrella de la cinematografía, y públicos masivos van a verla en todo el mundo.

Producida modestamente, debió competir con las gigantescas campañas de publicidad de costosas películas, lanzadas por algunos de los más grandes estudios del planeta.

La película tiene muchas virtudes, pero ¿cuál es el tema central que la recorre, y que atrajo a la academia y al público? Es la presentación cruda y sin disfraces, de lo que significan las grandes desigualdades en la vida cotidiana. La vivencia real de la cotidianeidad de dos familias, una de los altos estratos económicos, de Corea del Sur y otra cuya vida transcurre en un fragmento de un sótano. Las diferencias son abismales. Van, como subraya la película, desde la fragilidad total ante una inundación hasta el olor que despiden.

No es un cuadro aislado. Las altas desigualdades son un problema central del siglo. Generan pobreza, minan el desarrollo, y la cohesión social.

En Sur Corea el 10% más rico posee el 66% de la riqueza nacional, y el 50% más pobre solo el 2%.

A nivel mundial los trabajos de la ONU y de Piketty, y su equipo, muestran como la desigualdad viene creciendo fuertemente en la mayoría de los países.

El buen cine es una de las vías en que las sociedades están expresando su descontento con estos niveles de polarización.

En el mismo Oscar 2020, el premio al mejor documental fue para “American factory”, que muestra graves problemas sociales que afectan a obreros americanos y chinos.

La “alergia social” a las grandes desigualdades, aparece en la reciente encuesta que un reputado centro noruego hizo con Gallup a 65.000 personas de 60 países. El 69% contestaron que las diferencias entre ricos y pobres en sus países “no eran juego limpio”. El 79% que el Gobierno debía actuar para reducirlas. Eso implica gravar a los muy ricos.

Esther Duflo, Nobel 2019 de Economía, derriba con datos el mito de que eso afectará las inversiones. En cambio “pueden limitar la explosión de desigualdad”. El billonario Warren Buffett apoya dichos impuestos: “Los críticos lo llaman lucha de clases. Pero es mi clase la de los muy ricos, la que está haciendo esa guerra, y la estamos ganando”.

Hay elites que impulsan las disparidades con fuerza. El actual Gobierno del Brasil termina de casi eliminar el mayor programa de protección social del país, Bolsa Familia, que entregaba 21 dólares mensuales a las familias más pobres. Ello agravará la desigualdad, una de las peores a nivel internacional. En el 2018, el 1% más rico ganaba 33.8 veces lo que el 50% más pobre, distancia solo superada por Qatar.

Lo opuesto a lo que hace Suecia. Cuando la gente está desempleada tiene un subsidio y es integrada a programas muy efectivos de entrenamiento laboral. Cuando nace un niño los padres tienen 480 días de licencia paga. El Presidente del Instituto de Economía Internacional, Posen, dice “Si Ud. nació en Suecia, básicamente ya ganó en la vida”.

Es hora de escuchar las protestas cada vez más ruidosas en América Latina y el mundo por las altas desigualdades, ejemplo el caso de Chile, y buscar caminos para reducirlas.

* Economista, profesor, escritor. Pensador reconocido sobre temas económicos, sociales y organizacionales, es autor de 65 libros difundidos a nivel global.