Crystallex: una historia exagerada

Tulio Monsalve.*

En la historia de Rómulo Betancourt habría sido exagerado presagiar que la primera concesión de explotación de la mina Las Cristinas, otorgada por él, en 1960, a un aventurero como el copiloto de Jimmy Ángel, iba a llegar a ser el germen de ese cangrejo que es hoy Crystallex.

La historia es la suma de muchas fabulas. Nos transforma en quienes somos y parece exagerada e irreal hasta que de pronto nos atrapa en sus textos. Manoseados, pero terriblemente reales. Magia. Al leerlas es tarde. Somos parte de ellas.

Después, la historia suma las varias “operaciones” que Las Cristinas ha padecido con propietarios como Manesa Resort, otra con Bosnic Research, luego a manos de Robert Font, quien la vende a Crystallex. Es un proceso oscuro que enturbia el valor actual de venta de esa mina. Hoy debe convertirse en dato jurídico para los tasadores y “testigos” del juicio que entabla Crystallex contra Citgo en Delaware.

Sigue la historia con la expropiación de Crystallex. Nunca cumplió con las leyes que controlan la salubridad ambiental. Devino en una zona de tolerancia, donde los únicos que faltaron para echar bala fueron El Llanero Solitario y su indio Toro.

Ahora pandemonio histórico, no está claro cuantas fueron las inversiones que realizó Crystallex. ¿Llegan al monto que demanda? ¿Existen reservas que justifiquen los 1.400 millones de dólares que piden?

Otra intriga, la primera petición de cobro de Crystallex ante el Banco Mundial fue por 3.200 millones. ¿Y con piratería bajan a 1.400 millones? ¿Cómo?

La historia también se nutre de falsos profetas, ejemplo el autoproclamado y su procurador José Ignacio Hernández. Falacia: se descubre que éste había sido testigo de Crystallex hace dos años en acto jurídico contra Citgo. Él, profesor de Harvard y socio de Polar, antes defendía a Crystallex. Cambia la gorra de ese equipo y viene a ¿defender a Venezuela? Obvia colisión de intereses se explica: mucha voracidad y escasa moralidad.

El lema de la Universidad de Harvard, -donde Hernández tiene chamba- es Veritas, cuya traducción es Verdad. Contrario a lo que practica. Si Harvard fuera digna, lo degradaría a portero de noche. La historia exagerada de Guaidó y su procurador (de riquezas) recuerda lo que cuenta la parábola de los ciegos: ¿Acaso puede un ciego, -Guaidó- guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en un hoyo?

*Sociólogo, periodista, experto en negociaciones internacionales.