La democracia gana terreno

Claudio Fermín

Las heridas están a flor de piel. Son centenares los presos políticos y familias sometidas a persecución, torturas y humillaciones, aunque desde el otro lado afirmen que son solo políticos presos por diversas razones. Ha habido intentos de deponer el gobierno por vías distintas de las establecidas en la Constitución, pero los procesados señalan que también hubo golpe de Estado bajo la truculencia de declarar en desacato a la Asamblea Nacional y que las transgresiones constitucionales ocurren a diario desde el ejercicio del poder.

El careo ha sido inclemente. Y los representantes de cada extremo sienten la necesidad de equipararse y responder con urgencia a la última ofensa. Así, de agresión en agresión, el conflicto ha escalado y a algunos de sus promotores les parece un acto de debilidad detenerse. Otros entienden cualquier apaciguamiento como capitulación.

Por ese camino de la confrontación creciente anda la política en Venezuela.

El énfasis discursivo no apunta al desmontaje de esa maraña de desentendimientos. Los traumatismos y ultrajes convocan a la venganza y al exterminio del adversario.

Los grupos en guerra construyen el expediente del enemigo desde el pasado. Los argumentos son un memorial de agravios: ayer hiciste esto; el año anterior faltaste en aquello; hace tres años rompiste un acuerdo; desde hace seis años los muertos y torturados se han incrementado; no han dejado ustedes de promover invasiones y poner obstáculos externos para el desmontaje de la crisis.

Parecieran no estar para nada interesados en ver el futuro. No quieren buscar soluciones y toda su concentración está en el enjuiciamiento y exterminio del contrario.

En ese contexto la política adquiere ribetes de moralismo a la medida y la polarización extrema se sostiene en la tesis según la cual con esa gente que hizo tal o cual cosa no se puede dialogar. Eso sería faltar a la ética. Realmente sería delinquir andar con delincuentes, dicen unos, mientras los otros advierten que el país no puede aceptar que aquellos anden sueltos sin que nadie los detenga y encarcele.

Estos grupos trabajan por la disolución de la nación venezolana. Según ellos sólo procede una operación de limpieza política que nos libre para siempre de la plaga que ha destruido al país, es decir, de los otros.

En ese enrarecido contexto hemos sostenido que los venezolanos estamos obligados a dialogar y a encontrar maneras de recomponer las relaciones políticas y dar un giro valiente que salve a Venezuela, que cambie las políticas económicas que han desmantelado el aparato productivo, que rehabilite los servicios públicos, que cambie el gobierno en paz y por métodos democráticos, que recupere las instituciones hoy maltrechas y alcance la deseada convivencia nacional y la reconciliación. ¿O es que calidad de vida es otra cosa?

Sin embargo, cándido sería creer que quienes embisten unos contra otros, de manera ciega pero resuelta, buscando la aniquilación del contrario, serían tolerantes con nuestra propuesta de diálogo, entendimiento y negociación política para alcanzar un mínimo de estabilidad política y gobernabilidad que permita hablar con los pies sobre la tierra de recuperación de la economía y del bienestar nacional.

Han emprendido algunos de esos sectores extremistas una incisiva campaña para acusar a los promotores del diálogo y del entendimiento, es decir, de la Democracia, de corrompidos, de vendidos, de colaboracionistas, de sinvergüenzas, en fin, apelando al viejo esquema terrorista y a los más gruesos epítetos exponen al escarnio a quien ose contrariar sus tesis de exterminio del contrario y el talante autoritario de su conducción política.

Descalifican cualquier propuesta que no emane de sus cogollos. Condenan a priori, sin someterla a debate nacional, cualquier idea que no haya pasado por su filtro. Llaman electorero el reclamo que hacemos de consultar a la población para desatar estos nudos políticos que ahogan al país. Creemos en elecciones, en darle la palabra a todos los ciudadanos. Pero a eso lo llaman darle tiempo al gobierno. Creemos en la distensión política para que Venezuela retome el camino democrático, pero los tenidos por duros en el oficialismo eso lo toman por debilidad.

Nosotros seguiremos planteando diálogo, negociación y entendimiento mientras otros seguirán en la guerra y en la venganza. No desmayaremos en buscar aliados para estas tesis. Conocemos de muchos movimientos y referentes que constituyen esa reserva para relanzar al país por sendas de convivencia y progreso.

Unos trabajan por hacer respetar la Constitución. Otros recogen firmas rechazando injerencia militar extranjera y pidiendo elecciones. Desde otros partidos y grupos se plantea un referendo consultivo para promover elecciones generales para el cambio. Son presentaciones distintas, pero todas en el marco de la Democracia y el cambio en paz. Todos defensores de las elecciones y del derecho del común a resolver nuestros problemas.

Sigamos adelante. Por Venezuela.

claudioefm@gmail.com