La renovación del país requiere generosidad.

Ramón Guillermo Aveledo.*

Vivimos las emocionantes horas de lo inédito. Caminamos por predios desconocidos, poblados de incertidumbre. En ellos es fácil, e inevitable, errar. Pero la claridad de objetivos, la rectitud de intención y el compromiso en quienes conducen el proceso y en todos los que podemos y debemos ayudar, será clave en que sean mayores y más incidentes los aciertos y se atenúen los yerros y sus consecuencias. Todo por el bien de todos los venezolanos. Sin divisiones, sin exclusiones, sin discriminaciones.

El protagonismo ha correspondido a una nueva generación de líderes. Exponente de esa camada plural es el Presidente de la Asamblea Nacional Juan Guaidó, a quien la Constitución ha llevado a asumir responsabilidades y lo ha hecho con serenidad, moderación y firmeza que la abrumadora mayoría le reconoce y le agradece.

La promoción de nuevos rostros a los papeles principales debe significar también nuevas ideas y nuevas prácticas. Ello es refrescante para el país e inyecta a la esperanza nacional una dosis de fortaleza muy necesaria en los tiempos que llegan y que no van a pasar como quien voltea la página de un libro.

Pero las nuevas ideas y las nuevas prácticas, portadoras de novedades en la imaginación y el conocimiento para producir soluciones, no serán un hecho mecánico por mero cambio generacional. Tampoco un corte abrupto. Este se va produciendo. Ya ha comenzado. Hay que ayudarlo. Protegerlo de obstáculos y celadas colocadas por egoísmo, celos o incluso por muy humanos temores. Protegerlo igualmente de las trampas que desde dentro puede tender la soberbia o la arrogancia.

No es por ingenuo que creo que es la hora de la generosidad. Esta es indispensable para reconocer la realidad, aceptar sus consecuencias y colaborar activamente con todos los recursos disponibles para que fructifique en cambios positivos para la mayoría.

Las transformaciones políticas serán múltiples, entre ellas las que afectarán al sistema de partidos. Esas estructuras, golpeadas por el desgaste de una lucha larga y un poder que persigue, ilegaliza, desconoce y cuyas políticas empujan a la emigración a millones de compatriotas, representan un componente que hace mucha falta en un cambio a la democracia.

La renovación del país sería demasiado frágil si depende de una persona o de un grupo. Cuidado con el viejo personalismo que tanto daño ha hecho. Para su solidez estructural hacen falta instituciones. Las públicas, propias de la organización del poder y las políticas como los partidos. Renovar los partidos con la afirmación de nuevos mensajes y nuevos mensajeros, no significa renunciar a la experiencia de otros que para estar a la altura, deben aceptar su nuevo papel y reforzar con su experiencia las capacidades de la Patria que viene. @aveledounidad

*Profesor universitario, político y escritor. Ex Secretario General de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD.)