Tecnología y ética

BERNARDO KLIKSBERG.*

El mundo está inmerso en una revolución tecnológica sin precedentes. Abre inmensas oportunidades para producir más bienes y servicios y mejorar la calidad de la vida. Pero en los hechos se ha mostrado portadora de una complicada agenda desde la amenaza de la desocupación masiva, hasta su posible utilización en aventuras bélicas. Se confirma como ilusoria la visión exitista de que por sí la tecnología resolverá todo. La realidad indica que es utilísima pero si está al servicio del bien común, regulada y orientada por la ética, como lo ha exigido en sus llamados el Papa Francisco. Algunos ejemplos.

Llueven las innovaciones en medicina. La aplicación de las nuevas tecnologías está abriendo caminos que van desde mecanismos de inteligencia artificial que hacen diagnósticos de alta precisión, operaciones de robots, hasta terapias genéticas. Así la agencia de drogas de EEUU termina de aprobar un tratamiento genético para una enfermedad hasta ahora sin curación posible, la atrofia muscular espinal, que se presenta en bebés recién nacidos.

Se estima que habrá en el 2024, no menos de 60 nuevas terapias genéticas que abordarán enfermedades sin cura actual.

Sin embargo se necesitarán reformas profundas para que los tratamientos de avanzada puedan llegar a las familias que los necesitan.

El New York Times, el 24 de mayo de 2019, describió que el precio al que el laboratorio que patentó la terapia lo está por lanzar al mercado, es el más alto conocido, 2.1 millones de dólares.

Se suceden los precios ultraelevados para drogas para enfermedades no usuales. Un medicamento para una forma hereditaria de ceguera, cuesta 850.000 dólares. Otro para la leucemia 475.000 dólares.

Pocos resultados

También el tema aparece en drogas para espectros más amplios. 300 millones de personas padecen de hepatitis C. Las curas usuales daban pocos resultados. Apareció una droga que la cura en el 95% de los casos, y solo requiere ingerir quince píldoras durante tres semanas. Pero su precio inicial fue de 100.000 dólares, lo que excluye de su posible uso a la inmensa mayoría de los afectados.

La cuestión es cómo lograr que estos y otros logros tecnológicos sirvan realmente al bienestar colectivo.

Otro de los campos donde se plantea una pregunta similar es el de la inteligencia artificial. Su avance es acelerado, y su potencial excepcional. Ilustrándolo, hace un tiempo limitado que una computadora derrotó al campeón mundial de ajedrez Garry Kasparov. Hoy una nueva generación de computadoras, no solo conocen como ella todas las partidas jugadas en la historia del ajedrez, sino que autoaprenden e inventan nuevas partidas.

Previene Yuval Harari, que la inteligencia artificial irá tomando una influencia creciente. En su base está el análisis con algoritmos de gigantescas bases de datos ubicadas en nubes. Sus productos pueden ser utilizados para fines virtuosos, pero también para interferir y manipular elecciones debilitando en extremo la democracia, o fundar campañas sistemáticas de fake news al servicio de intereses mafiosos o criminales.

Será cada vez más imprescindible ante los promisorios progresos tecnológicos explorar regulaciones éticas, que aseguren su utilidad social. También educar fuertemente a las nuevas generaciones de tecnólogos en el uso éticamente responsable de la ola de innovaciones que se avecina.  kliksberg@aol.com

 (*)Economista, sociólogo,  escritor y consultor argentino.​  Puede ampliarse sobre el pensamiento del autor, en la serie El Informe Kliksberg, claves para entender el mundo actual, Radio JAI, y en YouTube.