TIEMPO DE SENSATEZ. Manuel Barreto Hernaiz.

“En la sociedad, el hombre sensato es el primero que cede siempre. Por eso, los más sabios son dirigidos por los más necios y extravagantes”. Jean de la Bruyere 

No podemos ni debemos generalizar sin más. Junto a políticos ciertamente detestables, conocemos, asimismo, otros políticos perfectamente honestos y responsables. Por supuesto que en política las cosas son complejas e implican múltiples variables que no suelen ser consideradas a cabalidad al analizar los movimientos y tiempos de la dinámica que nos envuelve.

De nada sirve que en la superficie todo parezca unificarse, si las raíces dejan ver dispersiones ambiguas y entramados discordantes. 
Se espera confianza en las propias fuerzas y certidumbre en la racionalidad de los propios postulados, considerando que la tarea es muy ardua, pues el mal no descansa… ¿Acaso, como nación, no somos merecedores del desprendimiento, de una visión de estado y de una noción de grandeza que nos permita a todos, y entre todos, construir nuestra propia esperanza…?

Los habitantes que vamos quedando en esta “Tierra de Gracia” que ya la va perdiendo, ubicada  entre los paralelos 1 y 13 de latitud norte y entre los meridianos 60 y 73 de longitud oeste,  agobiados y desconcertados, esperamos tan sólo que se imponga la sensatez y el compromiso libertario y que se ponga en ejecución esa estrategia política que enfoque debidamente la realidad bajo la cual se encuentran sus ejecutorias y la caída de la popularidad del régimen, el cual se aferra a promesas, quimeras y absurdas postergaciones de una ineludible y desastrosa realidad que él  creo.  

Ahora contamos con el apoyo de la mayoría de los países demócratas,  luego se impone  más sensatez para lograr una unidad que muestre al mundo que sí hay una alternativa de poder. Caso contrario, ese apoyo se irá diluyendo y en Venezuela se impondrá el desaliento. No pensamos que pueda producirse una intervención militar extranjera, pero sí en que nuestros dirigentes podrán coincidir en acuerdos mínimos que animen a la ciudadanía a protestar masivamente y que, llegado el momento adecuado, se apoye  a una huelga general que paralice por completo a un país que está pronto a ser paralizado  por un régimen que tan solo ha demostrado que su fin último es demolerlo.

Así parezca titánica o imposible labor, ya se acerca el tiempo para fomentar una cultura exigente al pensamiento, para que la voluntad se guíe por la racionalidad, por el respeto a sí mismos y a los demás  y sobre todo por el valor de esa vergüenza que recobre la sensatez, que logre apartar la fatalidad de tanta mediocridad rampante, con una sentencia que resume la tragedia que como nación nos embarga: Cuando el gobierno pierde la vergüenza, el pueblo pierde el respeto… 

Y para tal cometido, no son suficientes las propuestas aisladas y desunidas. Hay que reaccionar frente a este vergonzoso régimen con el único medio al que nunca podrán vencer: la máxima unidad ciudadana y la desobediencia civil pacífica y democrática.