Un llamado urgente para llegar a un acuerdo en Venezuela. FRANCISCO RODRÍGUEZ y JEFFREY D. SACHS.*

A lo largo de las últimas dos semanas, Estados Unidos, con el apoyo de varios países de América Latina, ha reconocido el gobierno del presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, y le ha dado el control sobre los ingresos derivados del petróleo del país. Al hacerlo, ha entrado en un juego peligroso con el ejército venezolano sobre qué cede antes: abandonar al presidente Nicolás Maduro o enfrentar la devastación de la economía venezolana. El mensaje es crudo: cambia de régimen o muere de hambre.
Estados Unidos actúa con su bravuconería usual al asumir que todo terminará pronto: Maduro se irá, se levantarán las sanciones y Venezuela y Estados Unidos se beneficiarán. Maduro es despreciado ampliamente dentro y fuera de Venezuela, así que muchos países se están alineando con la estrategia del gobierno de Donald Trump.
Sin embargo, los riesgos que este plan conlleva son extraordinarios. El gobierno de Estados Unidos está suponiendo muchas cosas: que el ejército está a punto de cambiar de bando; que lo hará de una manera disciplinada; que Maduro carece de apoyo popular; que los aliados extranjeros de Venezuela, en particular, China, Cuba y Rusia, no tienen el interés, la voluntad ni los medios para respaldar a su aliado; y que “ya lo pasado, pasado”, después de un cambio rápido de régimen.
Estas suposiciones podrían ser correctas, pero con mucha facilidad también podrían ser incorrectas. El ejército venezolano podría resultar ser un defensor férreo de Maduro o podría dividirse en fuerzas pro-Maduro o anti-Maduro. Las fuerzas populares chavistas podrían congregarse detrás del líder del chavismo, a pesar de la hambruna y la hiperinflación generalizadas. La violencia civil podría hacer erupción. Los aliados extranjeros de Maduro podrían encontrar los medios para defender sus propios intereses —por ejemplo, sus reclamos sobre el petróleo de Venezuela— al apoyar o demorar el cambio de régimen.
El historial de Estados Unidos como agente que contribuye al cambio de régimen es muy deficiente. En Afganistán, increíblemente, está negociando un acuerdo de paz con los talibanes después de dieciocho años de guerra encabezada por los estadounidenses con el fin de derrocar a las fuerzas terroristas talibanes. Las intervenciones en Irak, Siria y Libia también han