Una oportunidad real de cambiar Manuel Barreto Hernaiz.

Las protestas y manifestaciones que aparecen diariamente en casi todas las ciudades de nuestro país tienen una finalidad reivindicativa más no política. Luego, un estallido social generado por el caos económico, luce distante.
Que desembarquen los marines tal cual Panamá en 1989 o que intervengan los Estados Unidos como lo hicieron en Honduras en 2009, no aparece a la vista en el tablero geopolítico del momento…
Por ahora, parece que bastase con las sanciones impuestas a los funcionarios del régimen que han hecho las cosas malas, pues muy mal hechas.
Tampoco suena lógico esperar un golpe castrense, pues es más que evidente que estamos sometidos por un gobierno cívico-militar que ha logrado articularse con el ajustado reparto del poder…Y en eso reside buena parte de la capacidad defensiva de este perverso sistema de gobierno.

Si bien hemos gastado zapatos en innumerables marchas; si hemos visto caer bajo las balas asesinas a jóvenes que luchaban para impedir que les expropiasen su futuro; si hemos soportado la inclemencia y desbordada violencia de esta tiranía, tenemos que reconocer que nos ha faltado organización y continuidad; que no hemos sabido equilibrar la pasión con la razón, mucho voluntarismo, compromiso momentáneo y al no ver resultados inmediatos o a la vista, desistimos, nos retiramos, y lo más lamentable, a buscar a quien culpar de no haber alcanzado el logro esperado, fragmentándonos una y otra vez, olvidando que nos enfrentamos a la ruindad hecha gobierno… olvidando que el mal no descansa.

Exigimos y esperamos acciones heroicas, hasta posibles sacrificios, pero nuestra gestión de acompañamiento y solidaridad con quienes se la juegan se hace tan limitada que basta la acción de catarsis en las redes sociales para sentirnos autocomplacidos en nuestra lucha contra el régimen.

Pasamos 72 horas enfrascados en bizantinas y prolongadas discusiones, dejamos de lado nuestros cursos avanzados en sismología para incursionar en el complejo espacio de los constitucionalistas a propósito del vacío de poder vs usurpación, que si Guaido se juramentó o no, que si se trataba de un parapeto mas de unos diputados poco dignos de confianza.
Casualmente en ese trance nos encontramos con el Doctor Juan Carlos Branger, quien nos propuso – sornas aparte– escribir, a dos manos, un libro titulado “República Psiquiátrica de Venezuela”.

Desde el 10 de enero, tras la farsa o grotesco sainete de toma de posesión, se han venido concatenando, de manera bien articulada, una serie de factores han conllevado al régimen a una posición más que incomoda, de evidente ilegalidad. A pesar de la represión y el miedo, el régimen se ha debilitado, hay escisiones irreconciliables en su seno y la hiperinflación anuncia una implosión social que puede arrasar con todo.
Maduro inicia una etapa muy dura. Empeñado tercamente en darle continuidad a una absurda, arcaica y corrupta revolución, de espaldas al sufrimiento de la nación venezolana, propiciando el peor cataclismo, la más cruenta trayectoria de la otrora “Tierra de Gracia”, más aislado que un leproso en el Medioevo, considerado “El Usurpador del Siglo XXI” y deslegitimado por la mayoría de los países de la América Latina, Europa, Estados Unidos y Canadá, empieza a escuchar el tañer de las campanas, que ya empiezan a doblar en su nombre.

Así las cosas, resulta habitual y cotidiana la pregunta: Y entonces ¿cómo salimos de esto?…

Nos permitimos presentar lo anotado por el profesor Walter Mosca, quien nos ilustra al respecto: … “Tenemos una oportunidad real de cambiar nuestra situación, la respuesta de una parte de la inteligencia del país y de diferentes factores es comenzar a discutir si los ángeles tienen o no alas, independientemente del hecho evidente de que vuelan… En la situación que estamos pasando el problema no es formal sino de facto. Formalmente hemos tenido razón en diferentes momentos pero de facto no hemos podido hacerla realidad y sería infantil y parte de nuestro realismo mágico pensar que ahora simplemente con unas palabras se va a poder revertir esta situación. Para lograrlo es necesario construir un musculo cívico que requiere organizarnos y coordinarnos efectivamente. ..”

Persistamos entonces en la organización política y su correcta dirección, celebrando asambleas en todos los rincones del país, y una gran campaña ciudadana que ponga en el centro de la propuesta de la verdad, y el rescate moral de una Nación que así lo merece, pues ha aparecido un esfuerzo de salvación nacional que dará fruto más temprano que tarde y que se reflejará en la formación de esos miles de jóvenes que han tomado el espacio que la historia les asignó, como tomaron la defensa de su futuro y del país que se merecen.